Niños que comen de todo: ¿cómo conseguirlo según la pedagogía Montessori?

La hora de la comida a veces es fuente de estrés para los padres: ¿cómo hacer para que coma verduras o pruebe cosas nuevas? Descubre nuestros consejos inspirados en la pedagogía Montessori para comidas tranquilas y agradables.

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a baby sitting at a table with a plate of food
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La alimentación de los niños: cómo acompañar antes de los 6 años según la pedagogía Montessori

La alimentación antes de los 6 años: un desafío para los padres… y es normal

Si eres padre o madre de un niño pequeño, ya sabes que las comidas pueden ser a veces fuente de estrés. Rechazos, selectividad, pequeñas cantidades… no es raro sentirse abrumado o preguntarse qué es “normal”.

Y es completamente comprensible. Antes de los 6 años, los niños están en pleno descubrimiento del mundo, de sus sensaciones y de su autonomía. Exploran los alimentos a su manera: tocando, oliendo, observando, probando… a veces aceptando, a veces rechazando. Estas etapas forman parte de su desarrollo, aunque puedan resultar frustrantes para los padres.

El objetivo no es “hacer que coma de todo” a toda costa, sino acompañar al niño con empatía y serenidad, estableciendo un marco claro. En este artículo compartimos algunas ideas para atravesar esta etapa complicada con confianza, respetando el ritmo y las necesidades del niño.

  1. La alimentación como parte de un aprendizaje global

Antes de los 6 años, los niños están en constante aprendizaje y descubrimiento del mundo que les rodea. A diferencia de los adultos, todavía poseen una gran capacidad para escuchar sus instintos. Por eso exploran los alimentos tocándolos, oliéndolos, probándolos y observándolos.

Estas etapas son esenciales: permiten al niño familiarizarse con nuevas texturas y sabores a su propio ritmo. Tocar un alimento antes de probarlo, observarlo detenidamente o incluso rechazarlo forma parte del proceso.

Observamos el mismo funcionamiento en otras adquisiciones. Cuando un niño aprende a caminar, nadie se preocupa por verlo caer. Cuando aprende a usar la pinza para coger objetos pequeños, lo repite una y otra vez.
En la alimentación ocurre lo mismo: el niño necesita repetir para aceptar la novedad e integrarla de forma duradera.

  • Dar sentido a la alimentación

Hablar de la comida con el niño sigue siendo esencial. Explicarle de dónde vienen los alimentos, cómo crecen o se producen, fomenta su curiosidad natural.

Asociar imágenes con alimentos reales, utilizar tarjetas inspiradas en el material Montessori, cultivar juntos, ir a hacer la compra y mostrarle las opciones son formas de crear un vínculo positivo y concreto con la comida.

  • Hacer de la comida un momento de placer y de compartir

Más allá de la cocina, es interesante que el niño participe en preparar la mesa y los platos. Elegir cómo colocar los alimentos, poner los cubiertos, preparar una bonita mesa… todas estas acciones fomentan el interés por sentarse a la mesa.

Una alimentación sana y tranquila está estrechamente relacionada con el placer de comer y el placer de compartir un momento de calidad con la familia. Comer con calma, sin juguetes ni pantallas, permite centrar la atención en la comida y en las conversaciones.

  1. Conclusión: acompañar con confianza y empatía

Lo esencial es que el adulto permanezca como guía y ejemplo para el niño. Esto implica, a veces, soltar el control, ser consciente de nuestros miedos y limitaciones, para poder dejarlos de lado.

Acompañar la alimentación de un hijo consiste sobre todo en construir una relación de confianza, respetar su ritmo y sus necesidades con sinceridad y empatía.

No obstante, es importante estar atentos: un bloqueo alimentario persistente, a pesar de un marco adecuado y respetuoso, puede indicar una dificultad emocional más profunda. En ese caso, buscar el apoyo de un profesional es una medida acertada y tranquilizadora.

Para niños mayores, a partir de los 7 años, la autonomía alimentaria puede ampliarse: pueden participar más en la planificación de comidas, en la elaboración de menús y en las compras, manteniendo siempre un enfoque lúdico y sin presiones, y conservando la postura de acompañamiento respetuoso adecuada a su edad.

a woman and a little girl making dough
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a group of people sitting around a table eating food
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  1. Cómo ayudar al niño a aceptar la novedad según Montessori

  • El papel del adulto y del niño

En la pedagogía Montessori, el niño elige la actividad que realizará durante su tiempo de trabajo. Sin embargo, siempre elige entre un conjunto de actividades seleccionadas por el adulto, según sus necesidades y las etapas sensibles que atraviesa.

En la mesa, el principio es el mismo. El adulto es responsable de lo que se ofrece, del momento, del lugar y del marco.
El niño, por su parte, elige qué comer entre lo que se ofrece y en qué cantidad.

Idealmente, la comida incluye alimentos conocidos por el niño, junto con uno o dos alimentos menos familiares. El niño sigue siendo libre de probarlos o no, y de escuchar su hambre. Este punto es fundamental para construir una relación sana con la comida, aunque a menudo sea uno de los más difíciles de respetar para los adultos.

Nuestras propias preocupaciones suelen interferir: «¡No come nada!», «¡Sólo quiere pasta!», «¡No come lo suficiente!». Sin embargo, permitir que el niño elija le enseña a escuchar sus sensaciones de hambre y saciedad — sensaciones que muchos adultos han dejado de lado, a veces desde hace años, tras escuchar “¡termina tu plato!” demasiadas veces.

  • El adulto como guía y modelo durante la comida

Como en una clase Montessori, el adulto es un guía. Muestra el ejemplo y, a menudo, los gestos son más importantes que las palabras.

Cocinar con el niño es un paso clave. Adaptando el material y los gestos a su edad, lo involucramos activamente en la preparación de la comida. Motricidad fina, lógica, lenguaje, confianza… cocinar es una actividad muy completa. Y sobre todo, un niño que cocina tiene más ganas de probar lo que ha preparado.

Comer con el niño también es importante. Siempre que sea posible, compartir la misma comida refuerza la sensación de seguridad: el niño ve que el adulto come lo mismo que él y entiende implícitamente que puede confiar.
Eso sí, es recomendable evitar frases culpabilizadoras, que a veces se dicen sin darse cuenta:
«¡Una cucharada más para mamá!», «¡Come verduras para crecer!», etc.

baby eating sliced watermelon
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